Una Advertencia Urgente A Los Católicos Romanos

El sistema religioso-político conocido como la Iglesia Católica Romana empezó a evolucionar en el cuarto siglo.  Conforme pasaron los años, la Iglesia Católica Romana ejercía un poder creciente el cual no le fue concedido por Dios; y promulgaba cada día mas doctrinas no bíblicas, aun persiguiendo a quienes obedecieron tenazmente la Palabra de Dios.  Francamente, el Papa y sus subordinados han sido adversarios de la Palabra revelada de Dios, la Santa Biblia.  La Palabra de Dios y la palabra de la Iglesia Católica Romana dirigida por el Papa están directamente en contraste en muchos asuntos fundamentales, incluyendo—lo más importante—como se recibe el perdón del pecado y la salvación de Dios.  Es imposible que uno obedezca a ambas, a la Iglesia Católica y a la Biblia, tal como es imposible seguir al Papa y al Señor Jesucristo a la vez.  En el espacio limitado de este folleto, quisiera sacar a la luz algunas enseñanzas de la Iglesia Católica Romana que están en completo desacuerdo con la Palabra de Dios (Mateo 15:8-9).  Debido a las limitaciones no citaré directamente los documentos de la Iglesia Católica Romana que contienen las enseñanzas que trato, además simplemente citaré las referencias bíblicas.  Me supongo que los católicos saben donde se encuentran sus enseñanzas, o me contactarán para la documentación.  Yo deseo que cada uno lea las citas bíblicas referenciadas que son representativas de muchos versículos en cada caso.

Las reclamaciones católicas romanas concerniente al Papado y al apóstol Pedro son plenamente refutadas por la Palabra de Dios.  El Espíritu Santo, y no el Papa, es la voz de Dios a la conciencia de los hombres, convenciendo del pecado y confirmándoles la Palabra de Dios (Juan 14:26, 16:7-14; Efesios 6:17).  La Biblia en ninguna parte asigna a un hombre que sea la cabeza de la Iglesia, sino claramente declara que Cristo es la única cabeza de su Iglesia (Colosenses 1:18; Efesios 1:22-23, 5:23).

El apóstol Pedro nunca se declaró ni sintió que él era la cabeza de la iglesia, sino se llamó “un anciano” (1 Pedro 5:1-3).  Pedro nunca ha sido identificado en las Escrituras como el apóstol principal o “Papa”; en realidad, durante la era apostólica, otros apóstoles ejercían más autoridad que Pedro en varias circunstancias (Hechos 15:1-30).  ¡Además si el apóstol Pedro fuera el “Santo Padre” en Roma, entonces una lectura de la epístola del apóstol Pablo a los romanos implicaría que no tuvo mucho respeto por Pedro como la cabeza infalible de la Iglesia (Romanos 1:11-15; Gálatas 2:11-16)!  La Palabra de Dios manda rotundamente que ningún cristiano llame o se dirija a otro en el sentido espiritual o religioso como “padre”, mucho menos “Santo Padre” (Mateo 23:9).  A la luz de las reclamaciones católicas romanas acerca del primer Papa, parece extraño que solamente Santiago y Judas escribieron menos del Nuevo Testamento que el apóstol Pedro.  Hay una abundancia de otras evidencias bíblicas que muestran plenamente que la Iglesia Católica Romana está equivocada en absoluto cuando se refiere al papado.

Seguramente, la historia sangrienta y sórdida del papado es prueba también que el Papa no es el vicario infalible y santo de Cristo.  Varios Papas han sido fornicadores, homosexuales, y asesinos tal como lo reconocen los historiadores católicos.  Algunos Papas han excomulgado a sus predecesores y ejercitado un poder impío sobre los gobernadores civiles mientras ordenaban persecuciones brutales, incluyendo la matanza de los cristianos creyentes de las Escrituras como los valdenses.  ¿Cómo podrían ser tales hombres viciosos el “vicario de Cristo?”

Esta doctrina está erróneamente basada en un lenguaje figurativo que Jesús empleó para mostrarles a los judíos que Él descendió del cielo para dar vida eterna a sus almas tal como el maná descendió de los cielos para el sostén de la vida física de sus padres en el desierto (Juan 6:48-64).  El Señor Jesucristo es la vida esencial para la salvación del pecador.  Por su muerte, la entrega de su cuerpo y el derramamiento de su sangre, Cristo compró vida eterna para los pecadores que vengan a Él en arrepentimiento y fe confiando solamente en Él para la salvación de sus almas.  Cuando Cristo habló de comer su carne y beber su sangre, hablaba en el sentido espiritual, como dice en Juan 6:63.  Indudablemente todo aquel que está en Cristo recibe su alimento espiritual y gracia por Él y a través de Él. Cristo Jesús es el Pan de Vida por su pueblo.

Jesús también dijo que es “la Puerta” (Juan 10:9), y “la Luz” (Juan 12:46). La Biblia identifica a Jesús como un “Cordero” (Juan 1:29), y como una “Roca” (1 Corintios 10:4). Hay ocasiones en que en la Palabra de Dios se usa un lenguaje figurativo para enfatizar una verdad eterna. Esas ocasiones siempre son obvias, pero parece que al Papa, a los arzobispos y a los sacerdotes no les son tan obvias.

El Señor Jesucristo, “el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29; Colosenses 1:18), para nuestro beneficio posee en el presente un cuerpo resucitado y glorificado (Filipenses 2:5-11; Juan 20:26-27) tal como sus seguidores un día lo poseerán (1 Corintios 15:35-58). Cristo está sentado a la diestra de Dios Padre (Romanos 8:34). El cuerpo de Cristo no puede ser dividido en miles de piezas todos los días por los sacerdotes católicos en todo el mundo en el rito de la misa. Además si Cristo hubiera mandado literalmente que comiéramos su carne y bebiéramos su sangre, nos hubiera mandado que practicáramos el canibalismo. Durante la institución de la Santa Cena con sus discípulos, Jesús estaba físicamente presente cuando Él les entregó el pan y el vino, diciendo:  “Esto es mi cuerpo…..y mi sangre…” (Lucas 22:17-20).  La mesa del Señor (la Santa Cena) es una ordenanza de la verdadera iglesia de Cristo que se celebra únicamente “en memoria” del sacrificio vicario de Cristo en la cruz del Calvario (Lucas 22:19; 1 Corintios 11:23-26).  A través de la misa, la Iglesia Católica Romana enseña a sus miembros la adoración literal de la hostia y que sus sacerdotes tienen el poder para cambiar los elementos físicos en el Hijo de Dios y luego sacrificarlo en sus altares.  ¡Mediante este rito, profesan sacrificar a Cristo repetidamente por el perdón del pecado!  Las Escrituras aclaran que la muerte del Señor Jesús en la cruz fue enteramente suficiente y completamente eficaz para la salvación de todo aquel que se arrepiente y cree en el Evangelio (Hebreos 7:27, 9:12, 9:26-28, 10:10; 1 Pedro 3:8).  Lo que el Señor Jesucristo ha mandado a sus seguidores que hagan “en memoria” de su muerte y su heredad de vida eterna por fe en Él (Lucas 22:19-20), la Iglesia Católica Romana lo ha convertido en un rito blasfemador que engaña a miles y a millones alejándolos de Cristo y de la verdadera salvación.  Ningún cristiano legítimo puede participar en ello (1 Corintios 10:20-22).

El Evangelio del Señor Jesucristo proclama que la salvación es solamente por la gracia de Dios, mediante la fe, en Cristo únicamente.  Esta es la verdad anunciada en toda la Palabra de Dios y afirmada por el Espíritu de la verdad en los corazones de todos los seguidores verdaderos de Cristo.  El promulgar que la salvación se obtiene por las obras de la ley o por cualquier combinación de obras humanas más la gracia divina es enseñar que Dios les debe a los pecadores la salvación en lugar de que sea un regalo gratuito de Dios (Romanos 4:1-8, 6:23, 5:15-19).  La salvación es toda de Dios y nada del hombre.  La salvación es totalmente de gracia y nada de obras humanas. “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra” (Romanos 11:6).  “Nos salvó, no por obras que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tito 3:5).

La Iglesia Católica Romana enseña que la salvación es solamente posible a través de una vida de obras sacramentales y por el auxilio de sus sacerdotes.  Esta es una mentira blasfemadora que se burla de la eficacia, suficiencia y el poder omnipotente de la vida, muerte, resurrección y sacerdocio del Señor Jesucristo quien es capaz de “salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).  Los Papas y sus sacerdotes tuercen las Escrituras “para su propia perdición” justificando su evangelio falso de la gracia más obras y a la vez esclavizando a los pecadores a su reino religioso para que no entren en el reino de Dios (2 Pedro 3:16).  Por ejemplo, citan a Santiago capítulo 2 y enfatizan que Abraham fue justificado por fe y por obras.  Sin embargo, la Escritura debe ser traducida por la misma Escritura; ¡y el resto de las Escrituras atestigua que Abraham fue justificado por fe solamente!  Además la justificación mencionada por Santiago se debe entender en un sentido diferente. Por la inspiración del Espíritu Santo, Santiago está simplemente mostrando que una fe sin obras es una fe muerta y no la fe verdadera dada por Dios.  Después de que Abraham fue justificado delante de Dios por fe, sus obras demostraron a sus contemporáneos la veracidad de su fe.  Aunque las Escrituras enseñan repetidamente que todos los hombres están obligados a obedecer la santa ley de Dios y vivir una vida santa, es imposible justificar o salvarse por medio de la ley o por cualquier otra obra de obediencia; sino la salvación es solamente por la gracia de Dios mediante la fe (Romanos 3:20-28; Gálatas 2:16, 3:11; Efesios 2:8-9).  Es verdad que la salvación verdadera resultará en buenas obras, pero la salvación no es el resultado de las buenas obras humanas.  Los que enseñan que el hombre debe hacer ciertas obras para obtener la salvación o para mantenerla, sustituyen las obras corruptas de los hombres perversos y espiritualmente muertos por la sangre preciosa de Cristo y su justicia perfecta.  La Iglesia Católica Romana no puede ser la iglesia verdadera debido a que proclama un evangelio falso.  Asimismo, ¿cómo puede ser el Papa, un maestro falso y maldito, el vicario de Cristo (Gálatas 1:8-9)?

La Iglesia Católica Romana contradice la Palabra de Dios con estas reclamaciones y muchas más acerca de la madre terrenal de Jesús.  María era una mujer joven a quien Dios soberanamente escogió para que naciera el Mesías en este mundo.  María fue una virgen hasta después del nacimiento de Cristo, pero más tarde “conoció” íntimamente a José (Mateo 1:25).  En otras palabras, su matrimonio fue físicamente consumado después del nacimiento de Jesús.  ¡El decir lo contrario, es subirse al mismo barco de la fantasía de los homosexuales que dicen que los sodomitas que querían “conocer” a los dos invitados de Lot, significa solamente que querían familiarizarse y tener amistad con ellos! (Génesis 19:5)!  También es imposible ignorar la evidencia bíblica irrefutable que Jesús tuvo hermanos y hermanas carnales, algunos siendo nombrados en las Escrituras (Mateo 13:53-56; Marcos 6:1-3).  Sin lugar a dudas, María era una mujer pura y piadosa; sin embargo no era sin pecado y mucho menos una virgen perpetua.  María habló de “Dios mi Salvador” (Lucas 1:47).  ¡María, como todo ser humano, era de la raza caída de Adán y necesitaba al Salvador!  Las Escrituras dicen:  “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).  En ninguna parte de la Biblia se manifiesta que María era una excepción a esta regla, tal como no se manifiesta que ella fue ascendida al cielo.

No hay ninguna justificación en todas las Escrituras—en realidad al contrario—para rezar u orar a María como la Iglesia Católica Romana promueve.  ¡Para oír los rezos y oraciones de los millones de católicos romanos a través de todo el mundo, María tendría que ser omnipresente (estar en todo lugar a la vez) tal como es Dios!  Trágicamente la Iglesia Católica Romana ha convertido a aquella mujer humilde de los judíos en una diosa, aun llamándole con títulos blasfemos como “La Reina del Cielo” y “La Co-mediadora.”

Estos son algunos de los muchos ejemplos donde las doctrinas de la Iglesia Católica Romana están directamente en conflicto con la Palabra de Dios.  ¡Los católicos romanos tienen que decidir a quién hacerle caso, o al Papa o a la Palabra de Dios!  Lector católico romano, le suplico encarecidamente que considere todas las enseñanzas fundamentales en las cuales su religión e iglesia están en conflicto serio con la Palabra de Dios.  Los dos no pueden ser correctos.  No puede usted servir al Papa y al Señor Jesucristo a la vez.

Para gozar del perdón de sus pecados, ser salvo, y estar lleno de la bendita certidumbre de la salvación (Romanos 8:16), crea la Palabra de Dios en lugar del Papa.  Confiese sus pecados a Dios y no al sacerdote.  Clame al Señor Jesucristo para salvación en lugar de rezar a María y a los “santos” conforme a los ritos antiguos y paganos.  Luego siga en pos de Jesús y viva su vida de acuerdo a la santa Palabra de Dios en lugar de las enseñanzas corruptas de Roma.

–Pastor Ralph Ovadal